TOP 10: Adictos a salir de fiesta


Todo era escándalo cuando se filtraron fotos de Coentrao fumando plácidamente. Luego bien que nos ha molado saber que Michael Jordan se fumaba un puro antes de cada partido. Pero claro, estamos hablando del mismísimo 23 de los Bulls y no del mindundi de Coentrao. La ley es igual para todos, o eso dijo un día el Rey Juan Carlos.

El hedonismo, es decir, la búsqueda constante del placer, es algo siempre ligado a la burbuja del futbolista. Sobre todo a los que llevan la fiesta en vena. Amantes de la juerga, mujeriegos, bohemios de la noche, fumadores a escondidas, bebedores sin freno y adictos al baile y las fiestas de cumpleaños. Aquí van diez, pero podrían ser más. En esta fiesta no hay límite de aforo.

10. Mario Balotelli

Una chica haciéndole un masaje mientras sujeta una botella de Moët & Chandon y fuma cachimba. Una multa de 100.000 euros por lanzar dardos a los juveniles del club. Incendiar su casa cuando lanzaba fuegos artificiales desde el baño -prendieron las toallas-. Su entrenador, Roberto Mancini, le pidió públicamente que dejara de fumar: «Si fuese mi hijo le pegaría una patada en el culo. Le he pedido que pare». El utillero encontró su taquilla llena de multas de tráfico. ‘Super Mario’ aprovechó bien su etapa en el Manchester City. En Milán también hizo de las suyas, pero daría para un libro entero.

Balotelli, en una fiesta en Saint Tropez en 2012 / Daily Mail

9. Neymar

Un brasileño lleva la diversión en su ADN. Neymar es criticado y envidiado por montar las mejores fiestas de cumpleaños que se hayan visto. En 2018 organizó un multitudinario torneo de póker en su mansión en París y un día después, la gran fiesta con la actuación en directo de Maluma. Al año siguiente, una lesión no le impidió ser protagonista de otra gran celebración luciendo muletas a juego con el traje. Este año hubo fiesta ibicenca y situó en la primera planta a las personas solteras y arriba a las parejas. ¿Y dónde andaba Ney? «En todas partes», contó Ander Herrera en La Resistencia. Un jugador polivalente, desde luego.

Neymar, el alma de la fiesta de su cumpleaños en febrero de 2020 / @neymarjr

8. Faustino Asprilla

Legendario delantero colombiano de los noventa, nominado al Balón de Oro en un par de ocasiones y de sangre caliente, el ‘Tino’ Asprilla dejó destellos de su talento en el mejor Parma jamás visto y agrandó su mito con sus salidas nocturnas. En Italia montaba fiestas en su casa de tres plantas con compañeros como Buffon o Cannavaro: «Se aprovechaban de mi soltería, de las mujeres que solía traer a mi casa en los días de descanso». Ahora, retirado del fútbol, es propietario de una marca de condones que lleva su nombre: ‘Condones El Tino’. «Métele un golazo a tu pareja, al mejor estilo del Tino Asprilla» es el eslogan de la campaña. Mejor no preguntarle en qué ámbito ha sido más «goleador».

Asprilla, testando el preservativo de su propia marca que creó en 2016: Condones Tino.

7. Guti

La noche de Madrid atraía a todo díscolo disfrutón que jugara en el club donde todos quieren jugar. José María Gutiérrez ‘Guti’ es posiblemente el talento español más desperdiciado del siglo por su gusto por la fiesta. Mujeres, borracheras y salidas de tono como la que tuvo en su periplo en el Besiktas turco, cuando lo detuvieron por conducir ebrio. Si su mítica asistencia de tacón a Benzema parece todavía inconcebible, anda cerca su fiesta de cumpleaños en 2003 donde se juntaron en un mismo espacio temporal Elsa Pataky, Terelu Campos, Belén Esteban, Leiva y Míchel Salgado.

6. Ronaldinho

Nunca tendrá sucesor un tipo capaz de ser el rey del fútbol y acabar años después apoyando al ultraderechista Jair Bolsonaro y en la cárcel por entrar con pasaporte falso a Paraguay. Inocente Ronaldinho, que pasó 32 días en prisión porque «no sabía que estaba cometiendo un delito, es tonto». Son declaraciones de su propio abogado. Pagó una fianza millonaria para cambiar la cárcel por el Hotel Palmaroga, donde cumplió lujosamente el resto de su condena junto a su hermano.

Años antes destacó por su gusto por la samba y la dejadez física que lo privó de seguir reinando. Se puso una careta blanca para ocultarse en una fiesta y en otra que organizó Robinho se metió en el maletero de un coche para salir sin ser captado por la prensa. Este fue uno de sus regates más infravalorados.

Siempre con ritmo, siempre con una sonrisa, Ronaldinho en estado puro / Getty

5. Mágico González

Se ganó al Cádiz cuando rechazó a PSG, Atlético o Barça por ir a un recién descendido a Segunda. Eligió la buena vida sureña y el pescaíto frito que no había en esas ciudades. Terminaría de ganarse los corazones de la hinchada a base de jugadas maradonianas y acabó desquiciando a más de uno con sus duraderas resacas. Cuentan los camareros de varios míticos bares gaditanos que el salvadoreño, pícaro, ligón y amante de la juerga, compartió noches de desenfreno con su amigo Camarón de la Isla, a quien admiraba por su voz. «Cántame, José», le pedía.

Tuvo hijos con varias mujeres, llegó borracho a algún que otro partido y tenían que ir a despertarlo a portazos para que fuera a entrenar. Se tomó muy en serio su lema: «Yo solo juego para divertirme».

Mágico González, en un partido del Cádiz en los años 80 / Imago

4. Romário

Si se es juerguista lo mejor es reconocerlo, normalizarlo, hacer un Romário en Valencia. «Desde los 18 años la noche ha sido mi amiga. Saldré esta noche y si no lo hago mañana es porque es domingo y está todo cerrado. No voy a cambiar. Marcaré goles y todos felices», espetó en rueda de prensa. Metió 14 goles en los 22 partidos de su corta experiencia en Mestalla. La afición le dedicó un cántico, el «¡Vete de fiesta, Romário vete de fiesta!» para que siguiera rindiendo. Valdano fue de los pocos entrenadores que lo supieron llevar. «Míster, no se preocupe, que yo tomo agua», le decía. En su contrato, y esto es real, había una cláusula que le permitía salir cuando quisiera. Mentalidad juernes, siempre.

Pocos jugadores han condicionado tanto su juego a las salidas nocturnas como hacía el brasileño Romário, campeón del mundo en 1994 / Getty

3. Paul Gascoigne

A excéntrico pocos se acercan a Gazza. El británico sacrificó su talento con cada trago, cada locura, cada acto de indisciplina. Como cuando se fue directo a un pub, después de un partido con la selección inglesa, con la equipación y las botas puestas. Un día cambió a su entrenador Terry Venables las imágenes de su charla táctica por unas fotos pornográficas. Sus ocurrencias dejaron de tener gracia cuando se supo que era alcohólico y andaba perdido en las drogas. Ansiedad, trastorno bipolar, accidentes de tráfico, detenciones, recaídas, escándalos acaparando portadas en el Reino Unido… incluso hasta quedarse sin hogar por las deudas. Una vida al borde de la fatalidad que en 2018, afortunadamente, comenzó a reconducirse.

Suyo es un testimonio para reflexionar: «El fútbol lo era todo para mí. Cuando se acabó me pregunté: ¿y ahora qué, Paul? Y entonces llené mi vida con la botella. Cada mañana, nada más levantarme, me ponía a beber y tomaba coca a todas horas, llegué a meterme 16 rayas al día. Estaba descontrolado».

Paul ‘Gazza’ Gascoigne (izquierda) junto a su compañero John Fashanu en 1991, después de ganar la FA Cup con los Spurs / Mirrorpix

2. Maradona

«¿Qué jugador hubiese sido yo sin las drogas?», una pregunta que el propio Maradona lamenta no poder responder. Para muchos el más grande, para otros un pésimo ejemplo de deportista. Lo amas o lo odias. En Barcelona ya le cogió el gusto a la noches con excesos y en Nápoles se cansó de ser Dios para convertirse en diablo. Fiestas de corbata desabrochada, prostitutas y cocaína con sello de la mafia napolitana. Maratones de alcohol y estupefacientes que duraban de domingo a miércoles y «a partir de ahí, empezaba a limpiar para jugar el domingo». Demasiados errores cometió Diego Armando, mitad polémico, mitad leyenda.

Malabarismos con champán, por Diego Maradona / EG

1. George Best

El genio de Belfast, Balón de Oro de 1968 y primer icono pop del universo fútbol. Best lo tenía todo: juventud, talento y carisma. Le dio una Copa de Europa al Manchester United con 22 años y quiso huir de la presión de la fama apoyándose en el alcohol. «En 1969 dejé las mujeres y la bebida. Fueron los peores 20 minutos de mi vida». En Estados Unidos, donde pretendió reencontrarse como futbolista, estuvo de borrachera 22 días seguidos. Después de entrenar, los días que no se escaqueaba, iba directo al bar. Llegó a pisar la cárcel dos meses por conducir bajo los efectos del alcohol.

“Cada vez que entro en un sitio hay sesenta personas que quieren invitarme a una copa, y yo no sé decir que no”, es una más de sus célebres citas. Su historia tuvo trágico final, falleciendo en 2005 por sobredosis de los fármacos que tomaba por un trasplante de hígado. El más duro caso de autodestrucción protagonizado por uno de los grandes futbolistas de la historia.

George Best y una cerveza. Año 1977 / Imago

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