Todo se reduce a los detalles


La suerte, el azar y el destino. El empate, la victoria y la derrota. Las tres palabras pertenecen al mismo campo semántico y, a la vez, son totalmente diferentes en su significado. Curioso afán de despiste el que existe en este mundo donde tienen cabida cosas parecidas a la vez que contrarias. Y al final, siempre vendrá el que te diga que todo es subjetivo y hasta luego reflexiones baratas.

Ríete tú de eso que dicen los entendidos, los que creen serlo y los no tanto: «Eso ha sido la suerte del campeón». Un intangible al que recurrir para justificar una victoria en el minuto 95 o un penalti a las nubes en la tanda. Roberto Baggio y el suyo en la final del mundial de 1994 es el colmo del malfario y una herida sin cicatriz. El de Ramos a la estratosfera contra el Bayern, más de lo mismo, el fallo de Robben ante Casillas en el día que España se hizo eterna, un dolor punzante para los neerlandeses. ¿Todo fue por un golpe de mala suerte?

Según los científicos, el azar existe. Y su variante subjetivamente negativa la sufren también los grandes del deporte rey. Imagina que tu presencia en un mundial depende de una moneda lanzada al aire. Sale cara y estás clasificado, pero si sale cruz tendrás que verlo desde casa. Exactamente eso le pasó a la Selección Española en el año 1954.

Alemania Federal celebra su primer mundial de la historia, ganando 3-2 a Hungría en la final de 1954 (Getty)

Se quedó fuera de la cita mundialista de Suiza’54 porque, al haber empatado la eliminatoria contra Turquía en el partido de desempate, todo se decidía como se vino haciendo en el fútbol hasta 1970. Un niño escogido aleatoriamente entre los asistentes al partido lanzó esa moneda y dejó fuera a la Roja. Entonces no existía la diferencia de goles ni el valor doble fuera de casa. Inventos tardíos.

Bien fuera por una moneda, por decisiones políticas -muchos partidos, en países dictatoriales, ya se ganaban y se ganan en los despachos, antes de jugarse- o por detalles del juego. Al final, el resultado depende casi de más factores externos que del propio esfuerzo. Quizá el mérito está en intentar minimizar al máximo lo que no depende de uno mismo. Hay equipos que rozan el 85% de la posesión y llegan a los 20 tiros a puerta, y acaban perdiendo contra el colista que le llega una vez y la mete… de penalti pitado con VAR. Qué difícil es ganar un partido, ahora que lo pienso.

Premio seguro

Es admirable, por ello, que un equipo como el Real Madrid gane tres Champions seguidas, aunque siempre habrá quien adjunte «la flor de Zidane» como explicación. Que el Arsenal de Los Invencibles consiguiera la Premier, liga más igualada del mundo, sin perder ni un partido en la temporada 2003/04.  También que un equipo como el Mirandés se plante en las semis de Copa del Rey eliminando a tres equipos de primera. Que el Málaga estuviera a dos minutos y un gol de colarse entre los cuatro mejores de Europa en su sonambulismo por la Champions. Que el Barça de Guardiola se coronara con un sextete. Y un larguísimo etcétera.

Lo que nunca cambiará es que, en la vida y en el fútbol, todo se reduce a los detalles. Y quien consiga tenerlos de su parte, premio seguro.

El azar mata pero también puede revivir. Solo hay que requetebuscar la suerte. Que hay cosas que no dependen de uno y a veces no se está preparado para sus consecuencias, sí. Que la suerte es subjetiva, aunque quizá la fabricamos más fácilmente si trabajamos en ello, también. Con 85% de posesión y 20 tiros a puerta tienes más opciones de no lamentarte el resto de tus días, así que mejor no esperar a que el VAR decida.

«Ganó el partido por detalles». Lo leerás en cualquier crónica deportiva y, por qué no, pensar: ¿de qué detalles o quién es ese tal Detalles del que me hablan? Las pequeñas cosas que decantan la balanza, a veces invisibles e intocables. Sería un gran detalle saberlo.

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