Crónica de una venganza macabra

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Un derbi de Manchester es tensión, es intensidad. Sin embargo, una historia con tanto rencor poco tenía que ver con la rivalidad entre City y United. Una jugada violenta basada en un ajuste de cuentas eclipsó el espectáculo. El 21 de abril de 2001, la considerable carrera futbolística del noruego Alf-Inge Haaland inició su hundimiento. Así lo planeó Roy Keane, con una patada que lo retiró del césped para siempre.

Mejor empezar por el origen. Haaland, centrocampista de corte defensivo, jugaba para el Leeds United en 1997, cuando en la novena jornada recibían a los Red Devils. En los minutos finales, el noruego se anticipó a un balón dividido en el área y Keane acabó por los suelos. La realidad es que intentó soltar una patada a Haaland, pero no acertó. El jugador del Leeds fue a recriminarle que estaba fingiendo. El puntapié al aire le costó caro: rotura de ligamentos de la rodilla. Roy dijo adiós a la temporada.

 

1997. Haaland acusa a Keane de ‘teatrero’ (Reuters)

 

La acción quedó en segundo plano. En temporadas posteriores coincidieron en el campo en tres ocasiones, pero sin encontronazos que lamentar. Keane hizo creer a todos que lo había olvidado. Solo estaba esperando su momento con una paciencia perversa. Ojo por ojo. Diente por diente. Y en este caso, rodilla por rodilla.

Todo planeado

Fue cuatro años después, en 2001, cuando decidió materializar su plan de venganza. Capitán contra capitán. En un balón dividido, en el minuto 80 con empate a uno entre los dos grandes de Manchester. El rudo irlandés clavó los tacos en la rodilla al centrocampista nórdico. Haaland voló por los aires, literalmente. La roja era lo de menos, el trabajo estaba hecho. «Jódete, ya no volverás a burlarte de mi», sentenció con frialdad.

United-City. 2001. Después de destrozarle la rodilla, Keane le dedicó sus últimas palabras vengativas a Haaland (AP)

 

Fue sancionado con tres partidos –¡sí, tres!–, mientras que Haaland no volvió a jugar un partido completo en los dos años que prolongó su carrera. A los 29 dijo basta y regresó a Noruega, su rodilla quedó muy afectada. Años más tarde, en su autobiografía, Roy Keane reconoció que la agresión fue premeditada. Con esta confesión, la FA (Football Association) lo castigó con cinco encuentros más.

Había esperado suficiente. Recibió su justa recompensa.  Hay cosas que lamento en mi vida, y esa no es ninguna de ellas

Han pasado varios años y ninguna disculpa. «No espero que diga lo sientoNo es exactamente Nelson Mandela», asegura Haaland. El rencor de Keane, como la carrera del centrocampista vikingo, es ya algo irreversible.

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