Un resbalón, un aguijón eterno para Gerrard


Y en un segundo todo se torció. Un desliz de las botas Adidas de Steven Gerrard. Era el último hombre. Perdió el balón y dejó solo a Demba Ba, que no perdonó ante Mignolet. Un fallo como cualquier otro, pero el contexto multiplicó su dimensión. El Liverpool se jugaba la Premier League, el trofeo que lleva desde 1990 sin ganar. En plena pelea por ser campeón, ese resbalón inició el camino del fracaso. El Manchester City acabó ganándola con una diferencia de dos puntos. Una espinita eterna para Stevie G.

Era la jornada 36 de liga inglesa, recta final de la competición y todo en juego entre cityzens y reds. El equipo de la ciudad de The Beatles recibía al Chelsea de José Mourinho, uno de los más compactos y rocosos en defensa de toda Europa. Era el partido del gusto de Mou y formó un once infranqueable atrás con Cole, Kalas, Azpilicueta e Ivanovic en la zaga y un Matic en su mejor momento como pivote. Obi Mikel y Lampard completaban el medio campo, y arriba, velocidad a la contra con Schürrle, Salah y Demba Ba.

El Liverpool de Brendan Rodgers salía con todo. Mignolet, Johnson, Skrtel, Sakho, Flanagan, Lucas Leiva, Allen, Gerrard, Stering, Coutinho y Luis Suárez. Mucha pólvora en el tridente atacante, que no fue suficiente para quebrantar el muro londinense ideado por Mourinho. El 73% de la posesión fue red. También los tiros a puerta (8, por 4 del Chelsea). Ni siquiera la entada de Sturridge y Iago Aspas, que llevaba sin tener minutos varios meses, cambiaron el problema. «Probablemente hoy tenían aparcados dos autobuses en el campo», decía el técnico del Liverpool tras la derrota.

No hay un día que no piense en qué hubiera pasado si no me hubiera resbalado. Fue muy cruel para mí – Gerrard

Dos goles morales, destructivos psicológiamente. El del resbalón de Gerrard, en el minuto 45. El de la sentencia de Willian, en el noventa. Día negro para equipo, ciudad y capitán, sintiéndose culpable de aquella fortuita acción que cambió el partido. «Fue verdaderamente cruel porque no es que fallara un penalti o me equivocara en un pase, sino que me resbalé», se lamentaba el centrocampista inglés.

Tres meses después, el Mundial de Brasil terminó de noquearlo. Su última cita mundialista terminó en batacazo de Inglaterra: la peor actuación de su historia, eliminada en fase de grupos sin sumar ninguna victoria. Tras el golpe, Gerrard anunció que dejaba la selección tras más de 100 internacionalidades. «Fui a Brasil con la esperanza de que iba a ir muy bien y poder superarlo, pero fue contraproducente. Se me han unido las dos desilusiones que intentaré utilizar en positivo para la siguiente temporada», declaraba.

Una leyenda del fútbol inglés que comenzó su fin de ciclo con una pérdida de equilibrio. En ese gol de Demba Ba. Un hundimiento que le duró varios meses, como él mismo reconoció. Y eso que la vida de Stevie no ha sido fácil. Nunca caminaría solo, a pesar de todo. Los grandes también fallan.

 

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