Reflexiones de cuarentena


La vida hermética es una mierda porque no la conocíamos. No queríamos, pero entre tanto ‘jijí jajá’ y los «vaya con los chinos, qué locos están, qué exagerados», el coronavirus se presentó en España pillando a más de uno con demasiada parsimonia. Y en días, ¡zas!, se suspende todo el deporte, se paralizan las competiciones hasta vete tú a saber cuándo, y la cosa más importante de las cosas menos importantes (así define el fútbol un loco del balón como Valdano) desaparece de nuestra rutina.

No hay cifras aún sobre muertes por disgusto y dependencia futbolera. Mejor no ponerse a contar. La cuarentena, palabreja que ya nos sale en primer lugar del teclado predictivo, es ese nuevo formato de vida que nos insta a ver Netflix por inercia, parapetar el WhatsApp y aconsejar por Twitter como un experto sanitario. El caso es que el tiempo hay que aprovecharlo y teletrabajarlo (no, no son vacaciones precisamente).

Cómo cambia la vida. El miércoles ves un partido de Champions con el campo a rebosar -y qué partido, por cierto- sin saber que sería el último de las grandes citas con ambientazo. Días después se decreta el estado de alarma. Ese Liverpool 2-3 Atleti planteó a muchos cómo es posible que fuera Marcos Llorente, con un doblete ante el mejor equipo de la actualidad, el héroe de una eliminatoria en la que yacía medio muerto el Cholo con su plan. Un plan de resistir para no morir y acabar ganando.

La Bombonera, cancha de Boca Juniors, en una de sus grandes citas (Getty)

Pues vaya si se parece el plan al que nos toca seguir ahora. Resistir, para no contagiarse ni contagiar y acabar ganando. También en la prórroga, todo parece indicar. El partido enfrenta al Estado de Alarma ante el Covid_19. O a la coherencia y responsabilidad humana, más necesarias que nunca, frente a la preocupante pandemia. La paciencia no la venden en los supermercados como ocurre con el papel higiénico (en la Bolsa, invierte en Scottex, por razones obvias), así que habrá que aprender a dosificarla.

Para los catastrofistas que lamentan que no hay fútbol. Calma, ahora hay tiempo para ver la liga uruguaya o aprenderse la plantilla del Semen Padang FC de Indonesia. El nombre es por una compañía de cemento, no pienses mal. También hay lugar para verse partidos antiguos y viajar al pasado, o descubrirlo. Poner la final del iniestazo sin lagrimear sería igual de complicado que decirle a esos guiris de Benidorm que el coronavirus también les puede dejar encuarentenados. Aunque, ni que decir tiene, la irresponsabilidad no entiende de nacionalidades ni edades.

Lo bueno

Intentando ver el lado bueno de lo malo, los lesionados tienen más margen para recuperarse. No tendremos que escuchar a Roncero. Los defensas dejarán de exprimirse el cerebro pensando cómo parar a Messi. No habrá que aguantar a los Ojeadores de Bar. Jugadores de raza negra no tendrán que oír insultos racistas de los miserables de turno. Y esto último debería acabarse para siempre, no en la cuarentena. Se podría seguir y convertir el párrafo en novela, pero lo mejor es lo siempre aplicable a cualquier ámbito de nuestras vidas: ver el final y cogerlo con ganas.

La cuarentena pondrá a prueba la paciencia del aficionado, su capacidad para adaptarse a su propia casa -qué contradicción esta- y la versatilidad para combatir el aburrimiento. Sin El Chiringuito para reírse o con Deportes Cuatro emitiendo reposiciones del cumpleaños de Neymar. Y ahora no hay mercado de fichajes ni rumores con los que rellenar periódicos, así que cuando tengas un mal día, piensa en los periodistas deportivos. Nuestro don para sacarnos contenidos de la manga va a ser digno de estudio.

Familiares, novios, novias, amigos, amigas, vecinos, incluso. A eso se refiere uno cuando habla de «cogerlos con ganas». Apuesto a que cuando acabe esta pesadilla no habrá silencios incómodos en el ascensor y abrazarás hasta al antipático del quinto. Bueno, depende del vecino. Al menos un hola ya sería un progreso.

El fútbol, volverá, y eso no es algo por lo que preocuparse. Sí lo es ver a gente con toneladas de papel higiénico en casa… ¿Será para arrojarlo por la ventana cuando la pandemia desaparezca, a modo de festejo, como en un Boca-River?

Quiero pensar que sí. Este episodio insólito es capaz de poner en cuarentena la inteligencia humana.

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