El once ‘no ideal’ del derbi madrileño


Imagina ser presidente de un club y tener vía libre para fichar a quien te apetezca. A Revista Libre Directo le va el cachondeo, y se ha propuesto formar el peor once de la historia del derbi madrileño. Allá van los galardonados con el premio ‘The Worst’:

 

 

Bizarri: Portero argentino que el Madrid fichó en 1999 por su gran papel en Racing Club de Avellaneda. El recital de cantadas que daba en cada encuentro (bueno, en los siete que jugó antes de irse al Valladolid) lo coronaron como un jugador desechable. Aunque gracias a su mediocre nivel el Madrid hizo debutar a Casillas. Lo demás es historia.


Drenthe: El fichaje frustrado más mediático de los últimos tiempos. Venía con buen cartel: fue elegido mejor jugador del europeo sub-21 en 2007. De eso no se acuerda nadie, más bien de sus arriesgadas carreras por banda y su descoordinación con la pelota. Todo un cabeza loca.

Cata Díaz: El central argentino que vino a hacerle competencia a Godín y Miranda en 2012. En sus 22 encuentros no se vio ni la mitad del liderazgo y la seguridad defensiva que demostró en Getafe. Tras el pésimo rendimiento y un altercado con un aficionado, salió por la puerta de atrás.

Woodgate: El amigo Jonathan Woodgate, ese alto central inglés que llegó al Madrid de los galácticos en 2004. Protagonizó un ‘exitoso’ paso por la casa blanca. La primera temporada se la perdió por lesión, y la siguiente debutó con un gol en propia y una expulsión. El colmo de la mala suerte, o llámalo rey del fracaso.

14 partidos, un autogol y una expulsión. Números de leyenda… (Getty)

Pilipauskas: ¿No te suena? Comprensible. Este lateral, procedente de Uruguay, ayudó en lo que pudo al Atleti. Bueno, a que descendiera en el fatídico año 2000. Jugó la friolera de cuatro partidos, y no ganó ninguno. Eso sí, su torpeza y lentitud causaron sensación en los colchoneros.


Altintop: Cómo no recordar el gran experimento de Mourinho en el Madrid. Allá por 2011 llegaba al conjunto blanco un centrocampista turco procedente del Bayern Munich. Visión de juego, calidad y buen golpeo (o así lo pintaban). Se le recuerda por aquella titularidad en un Clásico, como lateral. Aún sigue buscando a Iniesta y Messi, que lo ridiculizaron.

‘Pato’ Sosa: Llegó al Atlético pisando fuerte. Se cayó de espaldas dando toques al balón en su presentación -demostró que su mote no es ninguna casualidad-. Además, daba palos como ninguno en el campo. Para que se entienda más claro, era un Gravesen de AliExpress. Llegó en 2004 y tras 22 partidos y poca aportación, hizo las maletas y se fue… para suerte de los atléticos.

Su carta de presentación fue una estrepitosa caída. Si lo llamaban ‘pato’ era por alguna razón (Marca)

Faubert: Seguramente presente en la memoria de cualquier madridista. Se lo ganó a pulso; su efímero paso por el Madrid se resume en 60 minutos jugados, una siesta en el banquillo en mitad de un partido y la ausencia a un entrenamiento al pensar que tenía día libre. El West Ham lo cedió en el mercado de invierno de 2009, y lo volvió a recuperar. Los blancos no lo querían ni regalado.


Alessio Cerci: Un jugador top en el Torino que Simeone pidió para reforzar la banda. Su capacidad de desbordar era espectacular. Finalmente descubrió otro talento bien distinto: el de ver los partidos cómodamente desde la grada o en el banquillo cuando había suerte. «Si pudiera volver atrás, nunca hubiera fichado por el Atlético«, dijo hace un año.  Once partidos, un gol y muchas mofas de los aficionados.

Cassano: El talentoso atacante italiano demostró su indisciplina desde el primer día que pisó Madrid en 2006. Preocupado más por ligar en cada gira de pretemporada o en comer lo que se antojaba, terminó siendo otro fichaje frustado en la era galáctica. Cuatro goles, veintinueve partidos y diez kilos de sobra. Estadísticas que hablan por sí solas.

Jackson Martínez: Alta probabilidad de ser el pufo más grande de la historia reciente del Atlético. El delantero colombiano pasó de ser un jugador de clase mundial a un futbolista mediocre. Su dificultad para adaptarse al juego del Cholo fue tal que una millonaria oferta de la Superliga China lo convenció después de jugar tan solo 22 partidos como rojiblanco. Cada gol suyo le costó al Atleti casi 12 millones, si miramos la relación precio-rendimiento (anotó tres tantos y costó 35 kilos).

 

Un equipo repleto de ‘estrellas estrelladas’, jugadores de pésimo nivel o fichajes con expectativas por las nubes. ¿Cómo sería un Madrid-Atleti con estos ‘anticracks’ en el campo? Sin duda, no parecería algo serio. Pero quizá divertirían más al aficionado con sus dotes para la pifia.

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