No quiso ser el mejor, se conformó con ser Mágico


La Tacita de Plata. Así apodan a la ciudad de Cádiz, huérfana de un ídolo que sigue estando en cada rincón de la ciudad. Imaginen a un Diego Maradona en vuestro equipo. Imaginen a alguien que en los años ochenta hiciera jugadas casi imposibles de ver en jugadores de la actualidad. Si no conocen a Jorge ‘Mágico’ González, les invito a que descubran a un pelotero que pudo convertirse en el mejor de todos los tiempos, pero su conformismo y vagueza lo condenaron a ser un claro ejemplo de «lo que podría haber sido, y no quiso ser».

Su carta de presentación no son las estadísticas. En sus 8 temporadas como jugador del Cádiz anotó 59 goles. Pero amigo, qué goles metía. Su juego era lo realmente espectacular. «La gente pagaba la entrada para ir al Carranza y estaba tranquila, porque sabía que iba a ver a Mágico, y eso era disfrutar«, decía uno de sus compañeros.  Para entender mejor la clase de futbolista que era, que hablen las imágenes por sí solas:

La decisión

Año 1982, mundial de España. Este iba a ser el escaparate de un joven melenudo y delgado. Jorge González lideraba la selección de El Salvador, que en aquella cita salió vapuleada cayendo en fase de grupos con 15 goles en contra. Aún así, su talento enamoró a media Europa. Se sabe que el Barça, Madrid, Betis o Atlético andaban detrás del salvadoreño, pero decidió irse al Cádiz, de segunda división en aquellos tiempos. Incluso lo tenía hecho con el PSG, pero el día de la firma del contrato, no se presentó.

Fue la mejor decisión de su vida. Su etapa en el Cádiz tuvo de todo. Él era un tipo muy peculiar, le gustaba mucho la juerga, era muy mujeriego y solía emborracharse de vez en cuando. Una vida extradeportiva por la que siempre era cuestionado. Lo multaban por llegar tarde a los entrenamientos día sí y día también. La disciplina no estaba en su vocabulario. Pero luego salía al campo y acallaba las críticas. Hacía lo que quería con la pelota y la afición lo veneraba como si de un dios se tratase.

 

Inventó regates que luego vimos hacer a Zidane, Romario, Ronaldinho. Hacía cosas con el balón que las hubiera firmado el mismísimo Maradona – Kiko Narváez, compañero suyo en el Cádiz

A la izquierda, Maradona, acompañando a su gran amigo, Mágico González.

¿Si me considero el mejor del mundo? No, ese es un salvadoreño que juega en el Cádiz y se llama Mágico González – Maradona en 1984, cuando era jugador del Barcelona

El Mágico era una estrella sin querer serlo. No entraba dentro del estereotipo de crack actual. Era descuidado, a veces irresponsable. No le daba importancia al dinero. Apegados suyos confiesan que regalaba cientos de pesetas a los niños en la calle, o llegaba a los entrenamientos casi sin prendas por habérselas donado a algún joven por el camino. Nadie podía hablar mal de él, a pesar de todo lo que hiciera en su vida privada.

Tuvo dos etapas en el Cádiz, pues estuvo en el Valladolid 6 meses (año 1985), después de ser declarado transferible por sus constantes faltas de disciplina. Allí no rindió, jugó nueve partidos y nunca fue feliz. Como la costa gaditana, en ningún sitio, pensaba él. Así que volvió para seguir disfrutando del fútbol con la amarilla, el equipo de su corazón. Y allí siguió a lo suyo, ganando partidos él solo, ovación tras ovación.  Cádiz y Mágico estaban destinados a permanecer juntos. El uno no se entendía sin el otro.

Pegada única, visión de juego magistral, conducción y cambios de ritmo como pocos, regates imposibles y físico privilegiado. Un futbolista único, con una personalidad única  (ElOtroFútbol)

 

«Y cuando le dio la gana, a golpe de filigrana, a la afición más pagana convirtió a la religión». Frase extraída de la famosa chirigota dedicada al genio salvadoreño. Cualquier artículo es insuficientemente completo para hablar de la vida de un jugador que pudo cambiar la historia del fútbol, pero eligió ser feliz y cambiar la del Cádiz. Su magia aún se respira en el Carranza… jamás habrá uno como él.

Para Mágico, la diversión estaba por delante de la ambición. Tenía la potencia de Di Stéfano, la magia de Maradona y la acrobacia de Johan Cruyff. Un futbolista irrepetible, que pudo haber sido absolutamente todo y no quiso – Martín Ainstein, periodista de ESPN

Por aquí, un fragmento de uno de los muchos documentales que tratan el legado de Mágico:

 

 

 

 

 

 

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