La pionera Nita Carmona: disfrazada de hombre para ser futbolista


Mientras el fútbol femenino continúa su lucha para igualar recursos, derechos y oportunidades, a principios del siglo XX hubo una valiente que se atrevió a saltar el gran muro social de un deporte no apto para ellas. Nita Carmona, malagueña y de familia humilde, fue seguramente la primera jugadora de la historia de España que consiguió cumplir su sueño. Aunque fuera mintiendo.

Ana Carmona, conocida como Nita, nació en 1908 y se crió en el barrio malagueño de Capuchinos. En los años 20 y 30 todo estaba en su contra, era una afición demasiado valiente para un contexto tan intolerante. Nita tuvo que hacer todo tipo de artimañas para poder jugar. Se cortó el pelo, se vendaba los pechos para ocultar su feminidad y se puso el seudónimo Veleta para evitar sospechas.

Jesús Hurtado, periodista veleño que descubrió esta historia que nunca nadie quería contar con detalle, desvela que Nita siempre tuvo obstáculos. Incluso de su propia familia. «Algunas veces, a raíz de que recibiera arañazos y magulladuras entre tantas patadas y empujones con los chicos, sus padres la castigaban durante un tiempo prohibiéndole salir de casa», cuenta Hurtado, que se topó con este relato cuando vio que en una de las alineaciones del Vélez Football Club había un jugador llamado Veleta. ¿Quién se escondía detrás de ese nombre?

Nita Carmona, en el centro de la imagen, se camufla entre sus compañeros de equipo  (Archivo Jesús Hurtado)

Su padre era estibador y el fútbol siempre lo tuvo bien cerca. Cuando era pequeña veía a los marineros ingleses dar toques cuando llegaban al Puerto de Málaga. Un juego que acabaría practicando años después en el campo de las Escuelas Salesianas gracias a la figura del Padre Francisco Miguez, su mentor. Este sacerdote era un enamorado del balompié que fundó el Sporting de Málaga, un equipo modesto que acogió a la primera mujer entre tanto varón. Veleta tuvo su primera oportunidad y la aprovechó.

Aunque no sería por la vía rápida. El plan elaborado por el Padre Miguez consistió en que entrara al club como ayudante del masajista y luego como encargada de lavar la ropa. El siguiente paso ya fue el de calzarse la botas para jugar como pivote defensiva, su posición en el campo. Las trabas, sin embargo, seguían siendo una constante. Su participación era intermitente por su condición de mujer, así que tuvo que conformarse con disputar únicamente los partidos fuera de casa, para no ser descubierta.

Algunos rivales y compañeros la delataban, y en algunos campos le prohibieron la entrada

Fueron tiempos complicados y ser una infiltrada tenía a veces sus consecuencias. «Algunos rivales y compañeros la delataban», y en algunos campos le prohibieron la entrada, como asegura Jesús Hurtado. Su tío era médico de familia e insistía en que el fútbol era perjudicial para su estructura corporal. Por esto, sus padres decidieron mudarse a Vélez Málaga, capital de la Axarquía malagueña, pero no conseguirían cortar de raíz su pasión. El Vélez Football Club fue su segundo destino antes de que Franco le cerrase la puerta de golpe.

El franquismo le frenó

El cambio de ciclo político en España marcó el fin del camino futbolístico de Nita. En la Segunda República había mayor tolerancia al deporte femenino, pero se terminó con la Guerra Civil y la posterior llegada al poder del dictador Franco. La jugadora malagueña fue varias veces detenida, vetada y juzgada por su género: «No sufrió castigos físicos, pero sí morales y numerosas descalificaciones», explica Hurtado.

Nita Carmona murió joven, a los 32 años, por la fiebre del «piojo verde». Fue enterrada en el cementerio costasoleño de San Rafael junto a una camiseta del club de su vida, el Sporting de Málaga, como la que porta en la foto que abre este reportaje. Aunque el origen real de la imagen es otra de sus tácticas para regatear al machismo: aprovechó los carnavales para fotografiarse con la equipación.

Pelo corto, calcetas largas, botines de cuero, gorro y camiseta a rayas de manga larga. Ya sin los pechos ocultados por una venda. Es Nita disfrazada de Veleta. Disfrazada de sí misma. Tanto aprecio le tuvo al fútbol que lo llevó consigo hasta la muerte.

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