La noche fue eterna


Sábado. 3 de agosto de 1996. Estadio Sanford. 86.117 espectadores. Ciudad de Athens, Georgia, Estados Unidos. Juegos Olímpicos de Atlanta. El reloj marcaba las cuatro menos cuarto de la tarde. El mítico Pierluigi Collina, con el silbato en boca, daba el comienzo a la final entre Argentina y Nigeria. Un desenlace agónico, brillante y a la altura del torneo aguardaba.

Nigeria venció a Argentina por 3-2, convirtiéndose en el primer país africano que conquistaba el oro en esta competición. Un conjunto repleto de potencia, carisma y talento innato, como Nwankwo Kanu, Jay-Jay Okocha, Celestine Babayaro, Taribo West, Victor Ipkeba, Sunday Oliseh y Daniel Amokachi, entre otros, liderados por el holandés Jo Bonfrere. Aunque el compañerismo también destacó como una gran cualidad de este grupo. “El carácter, la madurez y mentalidad de todos nosotros es lo que nos convirtió en campeones. El cariño que nos profesábamos mutuamente lo hizo posible, porque éramos una familia fuerte. Recuerdo cuando la federación no estaba contenta con Jo Bonfrere y decidieron traer a otro entrenador un par de días antes de los Juegos Olímpicos. Ya estábamos en Estados Unidos. Como equipo, dijimos: ‘Si lo echáis, tendréis que encontrar jugadores nuevos’. Ese espíritu se hizo notar. Nos hizo creer que estábamos juntos en esto y que nos convertiría en campeones”, cuenta Amokachi, autor del segundo gol (74’).

Esta generación destacó en categorías inferiores, teniendo especialmente éxito en el Mundial Sub-20 de 1989 con un segundo puesto. Además, en el Mundial de 1994 demostró que podía enfrentarse a cualquier equipo, pasando a la fase de eliminatorias como primera de grupo y cayendo en octavos contra la finalista Italia. No era temida, pero sí respetada. Capitaneada por el jovencísimo y gran Kanu, ganador de la Liga de Campeones de la UEFA con el Ajax ese mismo año, la selección africana afrontaría el torneo con expectativas altas.

Amunike, el héroe inesperado: «El mejor momento de mi carrera» (Imago)

Politizados

De la misma manera, Nigeria llegaría durante un contexto revuelto y desordenado a nivel nacional. El pueblo ogoni y sus constantes manifestaciones fueron uno de los quebraderos de cabeza para Sani Abacha durante su dictadura militar. Tales relevancias tuvieron las protestas que el 10 de noviembre de 1995 Ken Saro-Wiwa, poeta y activista, fue ahorcado por orden del dictador. Este hecho salpicó a la selección de fútbol masculina.

El país recibió críticas por parte de Nelson Mandela, presidente por aquel entonces de Sudáfrica, país que albergaría la Copa Africana de Naciones en 1996. Boicotear la competición con la excusa de la poca seguridad fue el plan. Además, la federación inventó amistosos para preparar los JJOO para no jugar el torneo africano. Finalmente, tras no presentarse, fueron descalificados. Algunos de estos encuentros fueron suspendidos por motivos políticos, como contra Honduras e Israel.

El más destacado fue contra Togo. La selección togolesa derrotó a Nigeria en Lagos a escasos días de partir a EEUU. Se pasó de la ilusión al pesimismo. Sin embargo, un cabreado Jim Nwobodo, ministro de Deportes, organizó un amistoso rápidamente. No podían salir del país con ese tropiezo. “Montaron un partidito con un club llamado 3SC de la ciudad de Ibadan. Jugué de titular y ganamos. Esa victoria calmó las cosas”, relata Dosu Joseph, portero de aquella selección nigeriana.

Durante la fase de grupos de los JJOO ganan el primer partido 1-0 ante Hungría, a Japón por 2-0 y pierden 1-0 contra Brasil. Empatadas a puntos (Nigeria y Japón), el combinado africano consigue la clasificación para la siguiente fase por la diferencia de goles. En cuartos de final se llevan el triunfo por 0 a 2 contra México. Se enfrentan de nuevo a Brasil, esta vez en semifinales, y vencen por 4 a 3, remontando un 1 a 3 con prórroga incluida. Solo quedaba un paso para la gloria. Otro conjunto sudamericano sería el próximo rival: Argentina en la final.

Bonfrere, el entrenador artífice de hacer campeón a una generación de oro (Getty)

Una selección dirigida por Daniel Passarella y plagada de talentos, que posteriormente pasaron a ser leyendas del fútbol argentino, como Hernán Crespo, Javier Zanetti, Roberto Ayala, Diego Simeone, Juan Sebastián Verón o Claudio López, por ejemplo. No tardarían en anotar el primer tanto: ‘El Piojo’ López de cabeza gracias a un gran centro de Crespo en el 3’. Sin embargo, un córner de Kanu terminó con un testarazo de Babayaro en el 28’, logrando el empate.

El descanso no sentó bien al conjunto africano. En cinco minutos West cometió un penalti, un tanto discutible, sobre Ortega, que transformaría Crespo (50’) brillantemente. Los de Bonfrere no querían desaprovechar la oportunidad de confirmar que eran una generación de oro y continuaron insistiendo. En el 74’, en una jugada muy rara que empieza desde un saque de banda de Babayaro del lado izquierdo, Amokachi se encontraría con el balón en el punto de penalti sin quererlo y completaría una vaselina también muy extraña, pero efectiva. Argentina lo intentaba, pero Nigeria dominaba. Todo apuntaba a la prórroga con el 2-2, pero… “El mejor momento de mi carrera”, define Amunike este momento.

Desde la esquina izquierda del área que defendía el conjunto albiceleste. Oruma centra, Amunike supera el fuera de juego y remata con una volea para mandar el balón dentro de la portería de Cavallero. En el 90’. Para el oro olímpico. La locura se desata. “Les aseguro que ahora mismo todo el mundo lo está celebrando en África. Hoy no va a dormir nadie. Todos estarán felices. Va por todos los países africanos”, declaró Oliseh después del encuentro.

Diferentes premios fueron repartidos entre ellos. Desde apartamentos de lujo hasta 200 mil dólares. «Los jugadores se convirtieron en semidioses», reconoció Bonfrere

Y tanto. Se decretaron tres días de fiesta nacional tras el triunfo. Como “héroes nacionales”, así recibieron a los jugadores en Nigeria. Diferentes premios fueron repartidos entre ellos. Desde apartamentos de lujo hasta 200 mil dólares. El gobierno federal les dio el honor de ser “Miembros de la Orden de Nigeria”. “Si antes los directivos eran corruptos, entonces los jugadores se convirtieron en semidioses. Recibían regalos, aprendieron a mandar”, comenta Bonfrere, entrenador que renunció a clasificar al conjunto nigeriano para el Mundial de 1998 por la corrupción como principal motivo.

Finalmente, el crecimiento del fútbol en Nigeria fue efímero. Se confirmó que aquella generación era de oro, pero muchos de sus integrantes sufrirían ‘la maldición de la medalla de oro’. Algunos perdieron el control y otros no tuvieron tanta suerte. Aunque, tras la victoria consiguieron que no se hablase de otra cosa, que las cervezas se agotasen, que las personas riesen y que la noche fuese eterna.

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