Hazañas del balón: Grecia y el antifútbol ganan la Euro 2004


CAPÍTULO 1: Grecia hizo historia

Hazaña, según la RAE,  es aquella acción o hecho especialmente ilustre, señalado y heroico. Algo que para la posteridad es recordado, como fue el año 2004 para el fútbol europeo. La Champions la ganó un equipo sin tanto nombre que se comió a los gigantes, como era el FC Porto de José Mourinho. Y en julio de ese mismo año, la Eurocopa fue conquistada por una selección que nadie tomó en cuenta: Grecia.

Terminó aquel torneo y todo parecía ciencia ficción. Como si de una obra de Homero se tratase. Un país pequeño que ni siquiera tiene clubes hegemónicos, con jugadores de poco nombre y con un currículum vacío de logros. Hoy en día sigue siendo fascinante recordar que un equipo tan modesto ganara un título tan grande a nivel de selección. Más aún por la manera en la que lo hizo. Por su estilo de juego, rompió muchos esquemas y estereotipos en el fútbol. No, a veces no gana el mejor. En ocasiones, las buenas defensas pueden ganar campeonatos.

Contextualizando, así fue el camino de los helenos en aquella proeza. Llegaron a la Euro como líderes en la fase de clasificación, por delante de España. Tras el sorteo de grupos, no quedaron demasiado contentos, pues quedó encuadrada con Portugal, España y Rusia en el Grupo A. Ya todos la daban por muerta, pero aún así consiguió pasar como segunda de grupo dejando fuera a España -que sumaba una decepción más en esos años de sequía-.

Charisteas, héroe nacional griego. Tres goles en el torneo, de los cuales uno en cuartos y otro en la final (Getty)

En cuartos esperaba la Francia de Zidane, Henry, Vieira o Trezeguet. El fútbol ultradefensivo, los marcajes al hombre y la efectividad a balón parado acabaron con las esperanzas de los galos. Un 0-1 y para casa. Grecia se encontraría en semifinales contra los Petr Čech, Nedved, Rosický y compañía. República Checa era la favorita, pero los triunfadores volverían a ser los griegos. De nuevo por la mínima y a balón parado, certificaron el milagro. Grecia, a la final ante Portugal, la anfitriona.

El escenario era idóneo para los portugueses. Una final de Eurocopa en casa, en el Estadio Da Luz, con el público a su favor. Todo lo externo se sumaba a la gran generación de aquel equipo dirigido por Scolari. Figo era el estandarte, acompañado de un Deco en su momento estelar, los Pauleta y Rui Costa en ataque o la joven promesa que ya despuntaba en Europa. Un tal Cristiano Ronaldo, con el 17 a la espalda.

La final fue de nuevo un partido predecible de Grecia. Salió a lo que bien sabía, defender y anular al rival hasta que la oportunidad de gol se presentara. Y la aprovechó. De nuevo a la salida de un córner, el delantero del Werder Bremen y goleador heleno Charisteas cabeceó al fondo de la red el único gol de la final. Se obró la gesta. El conjunto entrenado por el alemán Otto Rehhagel se hizo con el título. Grecia era campeona de Europa.

La imagen de la final. El llanto de un jovencísimo Cristiano Ronaldo, animado por su seleccionador Luiz Felipe Scolari (AFP)

Cuatro victorias por la mínima, un empate y una derrota (ante Rusia en fase de grupos). Encajados cuatro goles y anotados siete. Ningún jugador estrella, pero un bloque infranqueable. Un entrenador, Otto Rehhagel, que llegó siendo criticado por ser pragmático y extremadamente fiel al fútbol defensivo. Nadie lo esperaba, pero la destrucción fue más eficaz que la creación. Esta hazaña marcó un antes y un después en el panorama europeo. La Grecia de 2004 demostró que los éxitos los consiguen equipos, y no sus individualidades.

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