Gerrard, el año 89 y las dos tragedias que marcaron su carrera


Hay veces que en la vida todo llega, y suele hacerlo de golpe. Y los jugadores profesionales, más allá de tener fama, son personas que han podido pasar por una infancia muy dura. Por un camino de obstáculos, como el que tuvo que lidiar Steven Gerrard. Este jugador, considerado icono eterno del Liverpool, vivió en 1986, a la edad de 9 años, dos acontecimientos que le cambiarían la vida para siempre.

La tragedia de Hillsborough

Día 15 de abril de 1989. Semifinales de la Copa de Inglaterra, Liverpool y Nottingham Forest se enfrentaban en el estadio de Hillsborough, en la ciudad de Sheffield. Un fallo en la seguridad del partido provocó que miles de aficionados se colaran al estadio sin entrada. En la zona de los aficionados del Liverpool, los cánticos se tornaron en tragedia. Una avalancha provocó que murieran aplastadas 96 personas, entre ellos Jon-Paul,  el primo de Gerrard.

Tan solo tenía 10 años, siendo el más joven en fallecer aquel día. Él era el inseparable compañero de juegos de Steve, y siempre estaban muy unidos. Este suceso significó una inspiración para Gerrard. «Nunca se lo había dicho a nadie, pero yo juego al fútbol por Jon-Paul«, asegura el capitán en su autobiografía.

«Es difícil saber que uno de tus primos ha perdido la vida. Pero gracias al apoyo de mi familia, decidí ser el jugador que soy hoy. Cada vez que llego a Anfield, clavo mis ojos en el monumento a Hillsborough. Nunca olvidaremos a los 96»

Durante años fue calificado de accidente, pero en 2017 se confirmó que realmente fue un homicidio imprudente, una negligencia grave de la policía, que no fue capaz de controlar la situación. Aún se sigue buscando justicia para los fallecidos, bajo el lema ‘Justice for the 96’.

 

El rastrillo que casi arruina su carrera

En ese mismo año, la muerte de su primo no sería la única vivencia trágica del futbolista inglés. Y es que sufrió un accidente que pudo costarle su futuro como futbolista. Jugando con amigos en un descampado a las afueras de su casa, el balón fue a parar al interior recóndito de un arbusto. El joven Steve, sin saber bien dónde estaba, metió el pie como pudo y golpeó con todas sus fuerzas para sacarlo de allí.

Sintió un dolor intenso, incluso llegó a desmayarse. Había pateado un rastrillo oxidado que estaba oculto bajo tierra, y atravesó uno de sus dedos del pie. Los médicos lo tenían decidido, había que amputar, por lo que Gerrard debía despedirse de practicar el fútbol. Sin embargo, emergió la figura de Steven Heighway, director de la escuela del Liverpool, que presionó a los médicos para evitarlo.

Salvado por la campana, el niño que soñaba con triunfar en Anfield pudo continuar su camino. Un one-club-men de los que ya no quedan, que vino al fútbol por una tragedia, y casi lo deja por otra. Su primo, desde lo más alto, debe estar orgulloso de él. Tanto uno como otro son ya eternos.

Un niño que soñó en grande. Steven Gerrard   (Kaiser)

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