El portero goleador, edición limitada


Siempre es buen momento para abandonar la zona de confort. Para un portero, esto empieza a cobrar sentido a partir del minuto 90, cuando el resultado marca la derrota o el empate no válido. Entonces, se atreve a fugarse a un terreno que no le corresponde. Se libera de su propia cárcel, tres palos como barrotes y un área que marca las fronteras; se olvida de los guantes y se centra en obrar el milagro sin ellos. El testarazo de Palop para poner el empate a dos ante el Shakhtar en la Copa de la UEFA 2007: es exactamente esto.

El portero es ese actor de reglas fijas que solo veces contadas se atreve a hacer el trabajo opuesto. De parar goles a marcarlos. Si a lo largo de la historia se han visto pocos arqueros capaces de anotar, mucho menos de categorizarlos como ‘goleadores’. En el trono está el mito Rogério Ceni, leyenda del São Paulo y guardameta de los récords impensables. Hizo 131 goles, de los cuales 61 de falta, 69 de penalti y uno de rebote en un córner. Su única espinita es no haberlo hecho con la selección brasileña, siempre eclipsado por Taffarel, Dida y Julio César. Son 131 goles, en todo caso. Pueden llamarle loco.

Andrés Palop: «Ni con 100 paradas puedes llegar a sentir lo que yo sentí al marcar ese gol» (AP)

Ceni era capaz de parar tres penaltis en una tanda o marcar un doblete en cuartos de final de la Copa Libertadores. Aunque no pudo igualar el récord de otro anárquico de la portería, José Luis Chilavert, que consiguió un hat-trick en un clásico de la liga argentina, el Vélez-Ferro. Convirtió tres penas máximas y se llevó el balón a casa. El ‘pitbull’ paraguayo estaba más que acostumbrado a perforar redes y es el segundo en el escalafón de los porteros goleadores. Sus hitos fueron los 62 goles (44 de penalti, 16 de falta y dos de rebote) y un hueco entre las páginas del libro Guinness de los récords.

Si hablamos de poco cuerdos, de obligada mención es el creador del escorpión. La parada que todos quisimos volver a ver, ilusos e inconformistas, sin saber que ese gesto estético fue como las estrellas fugaces. Probablemente la veas una vez en la vida. René Higuita, excéntrico en el césped y fuera de él, también era adicto al gol. Sus 41 dianas, casi todas de penalti, no fueron en vano. Aunque sus salidas suicidas, conducciones eternas y regates lejos de su área le hicieron pasar alguna que otra mala experiencia. Era el carpe diem en su extrema modalidad.

Un caso aislado es el de Jorge Campos, el mexicano de las equipaciones horteras que jugó parte de su carrera como delantero en el Pumas UNAM. Del estilo inquieto propio de Higuita, llegó hasta los 47 goles. Otros europeos que se cuelan en la lista son el búlgaro Ivankov (llegó a la cuarentena de goles) o el sufridor de la volea de Zidane en la final de Champions de 2002, el ex del Leverkusen Hans-Jörg Butt, más metepenaltis (32) que parapenaltis. En realidad, en un fútbol tan cuadriculado como el de ahora ya no se ven estos perfiles.

Jorge Campos, portero-delantero con talento en las dos áreas (ALLSPORT)

Parar, pasar, asistir

En el nuevo siglo nació otra subespecie que ha ido devorando al extinto portero goleador. El término instaurado es el de ‘portero moderno’, algo exigido en los informes de cualquier ojeador. El juego de pies es condición primera para considerarlo dentro de ese subgrupo. Véase en Ter Stegen, Ederson o Manuel Neuer, unos participantes en la salida de balón de sus respectivos equipos. La figura del portero salvador, de reflejos felinos y seguro en el blocaje (Casillas, Buffon, Oblak, Valdés…) ya parece insuficiente cuando el toque no acompaña. Ahora se le exige parar, pasar y asistir.

Lo de Palop con el Sevilla es lo único que parece sobrevivir. Porque, como los actos de valentía demente, permanecen a la espera de ser realizados sin tiempo de aviso previo para reafirmar que el fútbol, sin incongruencias del calibre de ver marcar a un portero, no sería fútbol. Ya murieron los porteros goleadores, los lanzadores de falta, los prisioneros que se fugan de su cárcel para colarse en la celda del campo adversario. Ahora sobreviven los guardametas asistentes y los tiquitaca del área pequeña. Cambio de ciclo: de Higuitas a Ter Stegens.

Habrá que conformarse. Que no nos quiten, al menos, los córners en tiempo añadido con un intruso con guantes listo para ser noticia.

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