¡El fútbol femenino no venderá nunca, decían!


Tarde, aunque a tiempo, ha llegado para quedarse. Los y las hay que no creen en utopías. Objetivos tan deseables como aparentemente inalcanzables, presentes también en esto de darle patadas al balón. Y, desafortunadamente, algo que se multiplica si eres mujer y tu vida se centra en el deporte excluyente por antonomasia. El mismo que está cambiando, desde ya.

Tuvo que ser en España, en un Wanda Metropolitano con ambiente reivindicativo, donde ese deseo igualitario se convirtiera en realidad. El 17 de marzo de 2019 sucedió lo que el deporte femenino merece. El partido de fútbol a nivel de clubes con más asistencia de la historia: 60.739 espectadores en el Atleti-Barça de Liga Iberdrola.

El 0-2 pasó a ser anecdótico. ¿Qué el fútbol de féminas no vende? Pues se andaba bien equivocado. La masa social de apoyo, esa que siempre hubo pero que se multiplica a pasos agigantados, se combina con algo no menos crucial: la inversión publicitaria.

El partido de la reivindicación: 60.739 almas en el Wanda  (EFE)

Las grandes marcas apuestan por el fútbol femenino como el deporte que siempre quiso emerger, pero que esos sus propios valores sexistas y machistas autofrenaron. Los patrocinadores ven el nuevo horizonte como una gran parcela de beneficios. Iberdrola, Mediapro y Visa ya se han unido en la inversión.

En Europa el fútbol de ellas está en auge creciente. Las cifras están ahí: seis países (Inglaterra, Francia, Alemania, Holanda, Noruega y Suecia) superan las 100.000 jugadoras federadas, según el último informe de la UEFA publicado en 2017. España no llega a las 50.000 federadas, pero está entre los diez países con mayor participación [click AQUÍ para ver mapa interactivo]

Lejos de la igualdad

La otra cara de la moneda dista mucho de ser positiva. Más de la mitad de las jugadoras profesionales no cobran nada, y un tercio de ellas no llega ni a 500 euros mensuales. Lejos, muy lejos de acercarse a las desbordantes millonadas que reciben los hombres. El sueldo mínimo en Primera División es de 155.000 euros anuales. Una diferencia abismal.

Las insultantes condiciones económicas, sumadas a otras barreras, frenan el pensamiento positivista sobre fútbol femenino. Las cláusulas anti-embarazo siguen existiendo. El hecho de ser madre puede suponer el fin de la carrera futbolística. El Congreso y una Ley Orgánica las prohíben, pero, clandestinamente, esta desigualdad se sigue dando. A veces sin que las propias jugadoras lo sepan. «Muchas veces no estamos informadas de los contratos», reconoce Sandra Castelló, defensa del Sporting de Huelva.

Vero Boquete en el Beijing BG Phoenix FC. La Superliga china, el nuevo reto de la gallega (Getty)

Vero Boquete, pionera y referente en el fútbol español, se muestra con esperanzas viendo el cómo y el cuánto ha crecido. Ella lo tuvo más complicado. Aún así, sabe que queda mucho por delante. «No ha existido mejor momento que el actual para reivindicar el papel de la mujer en la sociedad y trabajar por la igualdad. Hay que aprovecharlo y acelerar los cambios en el deporte».

Las palabras de Vero para Pikara Magazine son el eco de todas: es hora de normalizar la maternidad, la conciliación familiar y los salarios dignos. Las utopías a veces lo son porque así lo creemos. El fútbol femenino (fútbol, al fin y al cabo), cansado de soñar, despierta para hacer de la realidad un sueño cumplido.

 

 

 

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