Carta a los Reyes Magos (y al 2021)


Pedir y proponerse, típico de los comienzos de año. Que se reciba la respuesta deseada y se cumplan los deseos ya depende de más factores, como nuestra pereza, por decir uno. Al 2021, que salta al campo con la presión digna de una final de Champions, con la expectativa de la ansiada normalidad, le toca ser generoso y devolver el tiempo perdido. Porque si algo hemos aprendido es que la vida sin público no es vida, es un simulacro soso y sin sentido.

Ahora mismo el 2021 es ese fichaje estrella que llega lesionado, el Hazard de turno, el Dembelé de nuestros calendarios, que deseas y confías en que sea una bendición cuando esté sano y coja el ritmo competitivo. Una vacuna que está, una hoja de ruta marcada. Y con cada pinchazo se dará ese pasito para que los estadios se llenen, ingrediente principal del fútbol de antes, que en realidad es el de siempre. Lo de ahora es una demo. 2021 está ya fichado, en plena recuperación postoperatoria, y se le exige paciencia y responsabilidad.

Merecemos un fútbol con aledaños de olor a bullicio transitando, puestecillos de pipas y Fantas y perritos calientes. Bufandas inquietas al son de un cántico, padres y madres con hijos e hijas pintorreados de sus colores, entradas agotadas. Un «¡eeeeeeeh, cabrón! cuando saca el portero rival, un gol que calle al pesado del bar que critica cerveza en mano. Incluso, puestos a pedir, que se extingan esas personas que abandonan el campo en el minuto 89 con la excusa de evitar atasco en carretera. Capaces de ignorar un emocionante 1-1, a esos de poca fe, les deseo un duro castigo. Perderse el gol de la remontada, por ejemplo.

Merecemos muchos caños a lo Riquelme, cabalgadas de Kaká en versión Milán, conducciones de Robben, nuevas entregas de la Gravesinha, Tamudazos, un VAR en buenas manos y un indomable crecimiento del fútbol femenino.

Deseo partidos locos como aquella final de Estambul, ligas ganadas por modestos, muerte a una Superliga Europea. Ojalá prohíban el uso de la letra Comic Sans a mayores de 18, la fiebre de preguntar a qué hora es la Champions o la manía de que el peinado de Fulanito sea noticia en medios deportivos. Merecemos muchos caños a lo Riquelme, cabalgadas de Kaká en versión Milán, conducciones de Robben, nuevas entregas de la Gravesinha, Tamudazos, un VAR en buenas manos y un indomable crecimiento del fútbol femenino. Chilena de Cristiano, eslálon de Messi, floritura de Neymar. Más fantasía y menos tragedia, más empatía y menos egoísmo, más calidad y menos cantidad.

Pequeñeces y un tópico

Me encantaría, puestos a pedir, que Benzema se hiciera una foto con el piloto de Fórmula 1 Valtteri Bottas, solo para poner en el pie de foto: «El gato con Bottas». O que Salva Sevilla fichara por el Sevilla y se jugara el descenso en la última jornada, para que, con algo de suerte y bastante carambola, anotara el gol de la salvación. Solo para titular a cinco columnas: «Salva al Sevilla». Memes improbables que ahí los tengo en el congelador, preparados para salir algún día. Por qué no en 2021.

Puestos todavía más a pedir, un milagroso ascenso a Primera de mi equipo, el Málaga, que daría para libro de gesta. Pachangas con colegas en las pistas del barrio, de esas que acaban cuando las luces de la pista se apagan cual pitido final. Debates sobre jugadores sobrevalorados (Isco, duele reconocerlo), ratos de rememorar momentos pasados que están condenados a repetirse.

¿Recuerdas la última vez que…? Me hago esta pregunta demasiado. Recuerdo el último gran partido que vi con público, el Liverpool-Atleti de los dos goles de Llorente. Se me solapa con una reflexión de Manuel Jabois: «Es mucho mejor no recordar las últimas veces de nada, ni saber cuándo lo son, porque al no ser recordadas, quizá se repitan algún día». Estaría dispuesto a formatear mi memoria para revivir episodios que son ahora los últimos que se dieron. Esa cerveza al sol, ese gol bajo la lluvia, ese cumpleaños bien rodeado. Sin distancia. Sin geles hidroalcohólicos. Sin miedo al contagio. Con la seguridad de ser libres, pulserita de festival en la muñeca, estabilidad laboral y emocional. Sensación de abrir un regalo en Reyes, poesía de papeles rasgándose con ansias de curiosidad. Disfrutar la apertura casi más que el propio regalo. Pequeñeces, eso exactamente.

En todo lo alto del escalafón, la salud. El tópico cobra ahora más sentido que nunca. Lo de antes son caprichitos del balón y de la vida. Salud, 2021, y paciencia. Para cuando saltes al verde, saltemos al césped, no recaer. Porque para entonces ya habrá sido suficiente.

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