Benzema es Bad Bunny y viceversa


De repente, la mayoría del pueblo futbolero es muy de Benzema. De pronto, la mayoría del mundo de la música es fan de Bad Bunny. ¿Qué camino han seguido para llegar al pico de sus carreras artísticas? Un camino paralelo. Dos universos, la música urbana y el fútbol, que se han encargado de convertir en quilates con una misma filosofía: ser extraordinarios a la vez que incomprendidos.

Para demostrar que son dos almas gemelas… primero a las cosas más obvias. El envoltorio: dos tipos que han ido acompañando el paso de los días con cambios de imagen muy atrevidos. Rayitas facheras a cuchilla en sus cabezas rapadas, barba o afeitado, pelo rizado incluso. Son ricos. Casualidad o no, tienen los dos un Bugatti de precio millonario. Han compartido, casualidad o no, portadas de revistas sobre moda, como GQ y Vogue. La marca Adidas patrocina al francés y la menciona Benito Martínez, nombre real de Bad Bunny, en una de las canciones de su último disco, El Último Tour del Mundo: «Boté toa’ las Nike y firmé con Adidas». Una frase que parece confirmar su colaboración con la marca que viste al nueve del Real Madrid.

En lo estrictamente estadístico no fallan. Acumulan premios y goles y canciones en lo más alto de la lista Billboard; Ligas y Champions y Grammys Latinos, compositor del año o mejor canción. Benzema es el extranjero con más partidos en la historia del Real Madrid, y solo Cristiano, Raúl González, Di Stéfano y Santillana han marcado más goles que él (259) desde que se fundó el club. Zidane no duda en considerarlo el mejor delantero francés de la historia. El ‘Conejo Malo’ ya se sitúa, para muchos, a la altura de leyendas puertorriqueñas del reguetón como Daddy Yankee, Don Omar o Tego Calderón. Ambos son referencias en lo suyo.

El 2020 ha sido un año negativo para cualquiera que se le pregunte. No para Benzema, campeón de LaLiga del coronavirus, erigido como líder y única referencia goleadora fiable en el Real. No para Bad Bunny, que ha desafiado a la lógica y ha sacado tres discos en el peor año de la industria discográfica. Todos, uno tras otro, han batido récords. El cantante ha sido el más escuchado del año en la plataforma Spotify y ganó su propia Liga primero actuando en el descanso de la Super Bowl y luego dando un concierto subido en un gran camión por las calles de Nueva York.

Genios polifacéticos

Son idolatrados ahora, aunque han cargado y cargarán con toneladas de críticas. A pesar de los números. Lo más inquietante de esta comparativa entre Benito y Karim es cómo han llegado a esta situación. Sus métodos han sido los mismos. Ambos empezaron a crecer mundialmente a la sombra de otros compañeros, y supieron aceptar que a veces se gana dando un paso al lado, siendo un actor de reparto y no el principal.

Le pasó a Benzema con Cristiano: transformó su juego para alimentar a la bestia portuguesa. Y se empeñó en priorizar la asistencia, la asociación, el hacer mejor a los mejores. Y a Bad Bunny, quien comenzó como todo trapero latino en sus primeros pinitos, haciendo colaboraciones. Apareciendo en el remix de ciertas canciones. Esperó su momento y, una vez había construido su ola de fanáticos, se lanzó en solitario hacia el éxito.

Justo lo que ahora le ocurre a Benzema en el Real Madrid, que desde que Cristiano Ronaldo se marchó, ha aprovechado esa orfandad para ser él quien las da y el que también las mete. «Cambié mucho mi juego de Lyon con Cristiano, para jugar con él. Estaba él para marcar los goles. He jugado para él. Siempre lo hablamos fuera del campo, él sabía y yo también. Dejé un poco mi alma de ‘quiero meter goles’. Ahora he cambiado otra vez. Puedo marcar goles y dar asistencias», reconoció en Universo Valdano.

Ahora que ya han estado en esos dos polos, los de la compañía y la soledad, pueden permitirse elegir pareja de baile. Drake y Rosalía estuvieron encantados de colaborar con el artista de Puerto Rico en los temas Mía y La noche de anoche. Mbappé estaría encantado de compartir delantera con su compatriota, al que admira y suele votar en la elección del jugador francés del año.

Lo más importante, sin embargo, y muy por encima de las miles de semejanzas existentes, es que ambos son artistas. Convierten un disco en obra de arte, una asistencia, control o gol en óleo sobre lienzo. Y como artistas son inclasificables. Benzema es delantero porque lleva el ‘9’ y marca goles como también podría llevar el ’10’ y jugar de mediapunta. ¿Un nueve o un diez? Dejémoslo en nueve y medio. Bad Bunny es reguetonero y trapero como normal general, pero en su último disco ha experimentado con el pop y punk-rock de Yo visto así, el indie de Trellas o el pop noventero de Maldita pobreza. Jaque mate.

La capacidad de reconvertirse, de mezclar balada y rock, reguetón y pop. Eso es también Karim en un terreno de juego. Lo inesperado, el dribling de baldosa, el funambulismo sobre la cal como aquella noche de Champions en el Calderón. Es un pase de gol más bonito que el propio gol. Como si aquel balón que le dio de tacón Guti en Riazor, el inolvidable «tacón de Dios», en realidad fuera un relevo que el francés decidió tomarse muy en serio para repetirlo años después ante el Espanyol.

El taconazo de Benzema para asistir a Casemiro fue una de las asistencias del año 2020 / Marca

 

Hasta cuatro canciones llamadas «Benzema» se pueden encontrar en Spotify. La más famosa es del grupo Afrojuice 195, que cantan: «Si no hay calidad, tienes que salir. Yo soy El Monsieur, me llaman Karim». De aquella hornada de galácticos que llegaron a Madrid en 2009 (Cristiano, Kaká, Benzema y Xabi Alonso) es el único superviviente. No hace mucho lo llamaban Benzemalo. Fue irregular y no marcó lo que muchos esperaban, desquició y recibió pitos como el que más, pero resistió, le dio la vuelta. Y lo hizo a su incomprendida manera, como diría Bad Bunny, siempre haciendo lo que le da la gana.

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